Los Agapornis

 

AGAPORNIS 

 

Agapornis es una palabra de origen etimológico griega que se compone de agape, agapein (amor) y ornis (pájaro), también conocidos vulgarmente en Europa con otros seudónimos como por ejemplo Inseparable o Lovebirds “Pájaro del Amor”; deben su nombre científico a sus fuertes vínculos establecidos en pareja. Pertenecientes a la familia de los loros (Psittacidae) e introducidos en Europa sobre el siglo XIX aproximadamente con procedencia que los ubica fundamentalmente en las zonas tropicales de África.

Es un ave de fácil adaptación  a diferentes tipos de temperaturas que se reproduce con facilidad  y suele anidar en colonias. Por lo general tienden a medir aproximadamente entre 13 y 17 cm (según cada especie; existen 9 y 15 si se incluyen las sub-especies dentro del género Agapornis). Algunas de estas especies carecen de dimorfismo sexual que pueda distinguirlos por su fenotipo o comportamiento, al macho de la hembra. Su esperanza de vida gira en torno a los 15/20 años.

                                                                                                                                                

Especies y sub-especies                                        

El color básico del plumaje es el verde intenso con gran variedad de tonalidades.                     

Podemos dividirlos en 3 grupos que asimilan ciertas características/rasgos:

 

El grupo de anillo ocular se denomina también “personatus” por ser considerada esta misma especie antecesor común sobre las demás del mismo grupo de anillo ocular. El apareamiento entre sí de las especies de este mismo grupo (grupo de anillo ocular o personatus) da como resultado ejemplares híbridos que a su vez son fértiles. Esto puede llegar a dar como resultado consecuencias positivas y negativas dentro de la especie: como positivo las mutaciones pueden traspasarse de una especie a otra, aunque, como punto negativo es que si esto no se realiza con la experiencia necesaria y adecuadamente, la descendencia obtenida no son más que híbridos “camuflados” y fértiles sin valor, que darán lugar a mas híbridos (consanguíneos) en generaciones futuras suponiendo una gran amenaza para la pureza de cada una de las especies originales.

 

IDENTIFICACIÓN

            Los vulgarmente conocidos como “inseparables” (género Agapornis) son fáciles de identificar por ser “pequeños loros” o papagayos de apariencia robusta y cola corta, siendo su coloración general verde.

Entre los Agapornis, podemos identificar o dividir por grupos/especies:

  • A. fischeri: el pico es completamente rojo; la coloración melocotón (del rojo al amarillo) extendiéndose por la cara y pecho/babero con la cabeza y nuca color bronce y el obispillo/rabadilla azul violeta.

La especie más próxima,

  • A. personatus: comparte con el A. fischeri las características de tener el pico rojo, el obispillo azul violeta (aunque más pálido) y una coloración que se extiende por todo el pecho, aunque esta coloración es completamente diferente: la cabeza es toda negra formando una máscara, antifaz o casco, siendo el cuello y el pecho amarillos. Las dos especies pueden propagar la hibridación por su fertilidad, obteniendo los híbridos un patrón de coloración de características intermedias la cabeza es oscura (negro-anaranjada), con la frente más anaranjada, y el pecho es entre anaranjado y amarillento.

Otras dos especies próximas a las anteriores,

  • A. lilianae, se distingue por tener el pico anaranjado (parte superior o base) y rojo (cuanto más a la punta); la coloración de la cabeza que se extiende sólo a la parte superior del pecho formando una especie de flecha invertida hacia abajo; así, aunque el A. lilianae posee también una coloración anaranjada que parte desde la cara o lores, ésta no llega a extenderse por todo el pecho, que es predominantemente verde. Además, su tamaño es ligeramente menor a los dos anteriores.

La especie más próxima a esta es el,

  • A. nigrigenis, también se distingue por tener el pico anaranjado (parte superior o base) y rojo (cuanto más a la punta); la parte superior del pecho forma una pequeña “mancha” naranja bajo la cara negra que corta por la zona del cuello y no termina de enmascarar como en el caso del A. personatus, dejando la parte posterior de la cabeza o nuca del mismo tono verde que uniforma las demás partes del cuerpo. Su tamaño es similar al del A. lilianae.

Otra especie que difiere de las anteriores es el,

  • A. roseicollis, posee una coloración roja o rosada que tampoco ocupa todo el pecho. El obispillo o rabadilla es azul eléctrico y el pico es de color hueso, no rojo. Esta especie es de mayor tamaño a las anteriores y no posee anillo ocular.

 

  • A. canus, en el caso del macho, este posee una caperuza que ocupa toda la cabeza y pecho hasta el comienzo de las alas de color azul grisáceo pálido dejando el resto del cuerpo de color verde. Las hembras son totalmente verdes. El pico es de color hueso y el tamaño suele ser semejante al del A. lilianae y A. nigrigenis. No posee anillo ocular.

 

  •  A. taranta, ambos congéneres son de color verde por completo a excepción de una ligera mancha de color rojo intenso en la frente que distingue al macho de la hembra que la mantiene del mismo verde del cuerpo. El pico es rojo y carecen de anillo ocular. Suelen ser muy tranquilos en comparación con las otras especies.

 

  • A. pullarius, el macho tiene la cara y la frente de color rojo anaranjado. El cuerpo, principalmente es de color verde brillante, con tonos más amarillentos en zonas delanteras. Las plumas interiores de las alas son negras. El obispillo es azul y la cola es verde con una franja roja y negra. La hembra es muy similar al macho, pero el color rojo anaranjado de la cabeza es más pálido y las plumas de debajo de las alas son de color verde. El pico es de color rojo.

El gran desconocido…

  • A. Swindernianus, tanto el macho como la hembra tienen como color base del cuerpo el verde, cambiando a un tono más oscuro en las alas. Presenta además una zona amarilla o castaña en la parte superior del pecho, depende de la subespecie, que puede llegar hasta la parte posterior del cuello. También en la parte posterior del cuello tiene una banda de color negro, de ahí su nombre, inmediatamente encima de la de color pardo. Las plumas caudales superiores son azules con el borde rojo. Otras características especiales de este agapornis es que tiene el pico de color negro y el iris es pardo claro, casi amarillo. Las patas son grises.

 

Hábitat Natural

Distribución geográfica
Todas las especies de Agapornis son originarias del continente africano y su zona de distribución se extiende por Etiopía, África sudoccidental y central, distintas zonas de Kenia, Tanzania, Malawi, Nabina, Rodesia y la isla de Madagascar. Existen algunas colonias de Agapornis en el norte de África presumiblemente formadas por individuos que han escapado durante el trayecto en su exportación hacia los países europeos.

Hábitat
Estas pequeñas aves pueden observarse tanto en terrenos ricos en arbustos y en zonas boscosas como en zonas esteparias o en montañas hasta los 3.000 metros de altitud. Son muy hábiles trepando y saltando entre las ramas, aunque también son capaces de correr por el suelo ágilmente. Generalmente, se desplazan formando pequeños grupos sociables y suelen vivir y criar en colonias, si bien, durante la estación reproductora algunos se separan en grupos más reducidos. Las colonias son pequeñas sociedades jerarquizadas donde uno de los machos suele ejercer el papel de jefe e interviene cuando aparecen pequeños conflictos entre los miembros de la colonia.

Alimentación
En general, los Agapornis en su hábitat natural, suelen alimentarse de semillas, bayas, brotes, flores, larvas, insectos y toda clase de frutos. Algunas especies de estas aves, como los roseicollis, se reúnen en grandes bandadas y pueden causar graves daños si penetran en un campo de mijo o de maíz. Sin embargo, existen otras especies que se alimentan de modo casi exclusivo de higos, por lo cual resulta muy difícil mantenerlos en cautividad como es el caso del A. swindernianus.

Nidificación y reproducción
Anidan en troncos huecos, en el interior de termiteros o en los nidos abandonados de otras aves, como el tejedor. Como material de relleno transportan hasta el nido corteza desmenuzada, briznas de hojas o hierbas, todo ello con el pico o bien entre las plumas del dorso.

El número de huevos por nidada varía de una especie a otra, oscilando entre tres y siete huevos aproximadamente, siendo el promedio de cinco huevos por puesta. El Agapornis taranta o de Abisinia estaría entre los menos prolíficos con una puesta de tres huevos, mientras que en la especie más pequeña, el Agapornis cana, se han dado casos de nidadas de hasta siete u ocho huevos.

En el proceso de crianza la hembra desempeña la parte principal, su papel primordial consiste en incubar los huevos hasta su eclosión. El macho alimentará a la hembra durante todo este tiempo y después del nacimiento de los pequeños participará junto con la hembra en su cuidado y alimentación. El periodo de incubación es de 23 a 25 días y las crías pasan de seis a siete semanas con los padres antes de abandonar el nido. Los jóvenes suelen alcanzar la madurez sexual alrededor de los nueve meses de edad.
 

 

Dimorfismo sexual

En general la determinación del sexo resulta muy difícil en la mayoría de las especies de agapornis, excepto en el caso de tres de ellas. En estas especies la hembra carece de los colores que aparecen en el plumaje de los machos, como sucede en los Agapornis cana, taranta y pullaria.

Otra característica de dimorfismo sexual es la anchura de la pelvis, que provoca que la hembra se pose en las perchas con los pies ligeramente más separados que el macho.

Por último, también puede ser de gran ayuda como guía para distinguir al macho de la hembra la observación del comportamiento sobretodo en las épocas de reproducción,  como por ejemplo, en los roseicollis que las hembras suelen transportar entre sus plumas el material con el que rellenarán su nido.

En los animales sexualmente maduros se pueden palpar los huesos coxales, que en los machos están casi juntos y se perciben como si se tratara de uno solo, mientras que en el caso de las hembras se percibe claramente una separación entre ellos que nos permite desplazar la yema del dedo. Estos métodos no son fiables al 100%  por lo que se pueden dar lugar a confusiones determinadas.

 

 

  Cría en Cautividad 

Alojamiento

Dimensiones
Cuando nos planteamos como alojar a nuestros pájaros en cautividad, hemos de partir siempre del principio general de proporcionarles el mayor espacio que nos sea posible. Este espacio estará lógicamente condicionado según queramos mantener un solo ejemplar o bien una o varias parejas reproductoras.

En este caso, debemos tener en cuenta que debe disponer de suficiente capacidad para albergar no sólo a la pareja sino también a los polluelos que puedan tener. En el caso de los agapornis, lo ideal para mantener una pareja de cría es un pequeño aviario exterior de 1,80 x 0,90 metros de base y una altura de 1,80 metros. Sin embargo esto no significa que quienes no posean un pequeño jardín, terraza o cualquier tipo de espacio exterior, no puedan tener y reproducir una pareja de estos simpáticos animales. Las especies más comunes se adaptarán fácilmente a vivir en una jaula siempre que se tengan en cuenta las dimensiones mínimas aconsejables. Se recomienda que la jaula mida unos 90 centímetros de largo con una anchura y altura de aproximadamente 50 centímetros.

Características
Una jaula de cría para una pareja de inseparables debería tener reja sólo en la parte frontal; los lados restantes, así como el techo de la jaula es preferible que sean opacos. De este modo conseguiremos que nuestros pájaros se sientan más protegidos y tengan mayor intimidad, ya que solo podrán ser observados por la parte delantera.

Es cierto que el mercado nos ofrece muchas variedades de jaulas, pero la mayoría de ellas no cumplen estos requisitos. Suelen tener formas que tienen como finalidad el ser un objeto estético y descuidan a veces el bienestar de las aves que deberán pasar allí toda su vida.

Si no podemos encontrar ninguna jaula que se adapte a las necesidades de nuestros agapornis, no nos será demasiado difícil hacer algunas modificaciones, como puede ser tapar los lados y el techo de la jaula con algún material ya sea aluminio, chapa o metal.

Lo más aconsejable es situarla elevada del suelo, a unos 30cms como mínimo, que tenga acceso a la luz solar, lejos de las corrientes de aire y de las fuentes de ruidos fuertes y repentinos como teléfonos u otros aparatos. Por supuesto fuera del alcance de los vapores originados en la cocina o el baño y en un lugar de fácil acceso que nos permita introducir la comida y el agua, y limpiar con cierta comodidad. Una vez decidida la ubicación de la jaula de cría no debe moverse del lugar elegido durante todo el periodo de la reproducción. Hemos de tener en cuenta que los pájaros anidan en los árboles y éstos no se mueven. Un cambio repentino de lugar podría hacer que la hembra abandonase el nido lo que supondría la pérdida de toda la nidada.

 

 

Alimentación

Semillas

                                  Semillas                      trigo                  cañamón          soja verde        germinados

 

Generalmente suelen comer las que más les gustan ignorando las demás, inconscientemente, esto puede ser un problema que dé lugar a carencias de vitaminas o de otro tipo. La dieta básica será una mezcla de semillas de alpiste, mijo blanco, avena pelada, níger y semillas de girasol. También podemos añadir semillas de cáñamo, aunque en poca cantidad. Completaremos esta dieta dándoles también suplementos alimenticios naturales como germinados, frutas, verduras y algunas legumbres previamente preparadas y reblandecidas en agua… por ejemplo: arroz, manzana, espinacas, mazorcas de maíz tierno, zanahoria, etc. Las ramitas verdes de sauce, palmera (a excepción de la tóxica cycas revoluta que se asemeja a la palmera pero no pertenece a su grupo) o cualquier árbol frutal les ayudará a satisfacer su necesidad de roer, además de proporcionarles el material con el que llenar el nido durante la época de reproducción.

Al llegar la eclosión de los polluelos debemos complementar su alimentación poniendo a su disposición un recipiente con una pasta blanda para cría enriquecida con huevo y humedecida con zanahoria rallada.

 

 

 

Reproducción

Junto al periquito común australiano y la Carolina, los agapornis son el grupo de psitaciformes más conocido y son muy frecuentes en la avicultura. Son pájaros muy fuertes y resistentes, fáciles de cuidar, poco exigentes y que se reproducen con facilidad. Todo ello les convierte en el ave ideal para los aficionados que quieran iniciarse en el mundo de la reproducción. Tenemos que advertir que lo dicho es válido para las especies más comunes y frecuentes en el mercado que llevan ya mucho tiempo de vida en cautividad y están totalmente adaptadas.

En casos menos comunes, se necesitan conocimientos más profundos ya que se trata de especies más delicadas, con mayores exigencias de alojamiento y alimentación que requieren cierta experiencia en el mantenimiento y reproducción de aves.

Aunque los agapornis son maduros sexualmente mucho antes, no conviene ponerlos a criar antes de los 12 meses de edad aunque su edad fértil comienza a los 9 meses de edad. Con ello evitaremos encontrarnos con nidadas de huevos sin fecundar, con pollitos muertos o con el eterno problema en las hembras que fallecen por distocia abdominal a consecuencia de un huevo atravesado. La hembra pone un huevo cada dos días, pero la temperatura y la riqueza de la alimentación pueden influir y alterar este intervalo.

Así, en el caso de un tiempo frío y una alimentación pobre el intervalo entre la puesta de dos huevos puede alargarse. La puesta completa suele ser de unos cinco huevos si bien varía de una especie a otra.

El periodo de incubación dura unos 23 días, lo que supone un tiempo considerablemente largo comparado con otros psitácidos. También en este caso la temperatura exterior puede alterar la duración de este período, que puede ser de 22 días cuando la temperatura sea muy alta y de hasta 26 días en pleno invierno.

Aunque la hembra pasará mucho tiempo en el nido a partir de la puesta del primer huevo, la incubación propiamente dicha no suele comenzar antes de la puesta del segundo o tercer huevo.

Excepcionalmente, existen hembras que no inician la incubación hasta que no ha completado la puesta.

Después de la eclosión, los jóvenes permanecen en el nido durante unas seis semanas y salen de él totalmente emplumados. A partir de este momento, el macho los alimentará durante unos quince días más, mientras la hembra puede iniciar una nueva puesta.

 

Cómo saber si un huevo está fecundado o no


            A veces,  desperdiciamos tiempo y desgaste de nuestros Agapornis, al estar incubando huevos que luego no están fecundados, podemos corregir esto sabiendo si el huevo esta fecundado o no antes de que este tenga que eclosionar.

Procedimiento:

            Debemos coger el huevo cuando este tenga al menos unos diez días desde que fue puesto y mirarlo a trasluz con una linterna, bombilla, etc. En caso de estar fecundado se podrán ver una serie de venillas o capilares muy finos en el interior del huevo.


                                                                                 

            Por el contrario, en el caso de que el huevo no esté fecundado, este se verá solo amarillento. Si no hay ninguno fecundado podremos retirarlos y limpiar el nido, para que empiece la nueva nidada.

 

Nido

 

 

Para permitir que nuestros agapornis puedan reproducirse hay que proporcionarles una caja de madera, parecida a la que se usa en la reproducción del periquito común, aunque de tamaño algo mayor. Las dimensiones ideales son 25cm de largo x 17cm de fondo x 17cm de altura. El orificio de entrada se situará en la parte alta del cajón y ligeramente desplazado hacia un lado, y tendrá un diámetro de 4 a 5 cm. Bajo el orificio podemos instalar una pequeña percha que facilite la entrada a los padres. El nido permanecerá a su disposición dentro o fuera de la jaula durante la época de cría y serán retirados para una limpieza y desinfección exhaustiva previa a la siguiente temporada de cría que variará según la situación geológica y dependiendo del clima, temperatura, etc. Por lo general algunas parejas pueden reproducirse en cualquier época del año siempre y cuando las condiciones anteriormente citadas sean óptimas para el desarrollo de los futuros polluelos. Se aconseja dar descanso a las parejas reproductoras al menos durante unos 3 meses aprovechando que los pésimos para ellos son los de más calor por el aumento de temperatura que pueden llegar a alcanzar los nidos.

 

                                                                                                                                             Fuente: